Fitas en el Abra Salkantay a 4.600 m ( Andes-Perú )

jueves, 2 de septiembre de 2010

La Senda de Camille III

3ª ETAPA

6 DE JULIO DE 2010


ALBERGUE AYSA (SOMPORT)- REFUGIO DE ARLET (FRANCIA)

Desnivel positivo: 1148 m

Desnivel negativo: 781 m

Distancia: 18,89 km

Horario: 6,30 horas



A la hora del desayuno el Albergue de Aysa en el Puerto de Somport hierve de actividad, a los “camilleros” que tratamos de desayunar a primera hora se unen los peregrinos que comienzan su largo periplo hacia Compostela.


 La niebla engulle este paso fronterizo que parece fantasma a esta hora de la mañana. Son las 07,30 horas cuando cruzamos la frontera y nos adentramos en el Valle D’Aspe. Atravesamos la explanada de la nave de obras públicas que hay en el frontera y entre la vegetación y la hierba húmeda bajamos fuera de sendero en busca del aparcamiento de la estación francesa de esquí de fondo Le Somport.

Atravesamos la carretera y tomamos el sendero que sale en descenso, es el GR. 65.3 o Ruta Jacobea que sube del valle francés. El camino es agradable, estamos envueltos por la niebla, no hay nadie ni delante ni detrás, los demás grupos que “conviven” con nosotros en la Senda, persisten en su táctica de no madrugar y salir a horas “de personas” como alguno llega a decir, y eso que estos dos último días hemos salido más tarde de lo que hubiéramos deseado.
Delante de nosotros aparece el Centro Pastoral de Peyranere, varias naves y cabañas salpican esta gran curva que describe la carretera. Seguimos la vía asfaltada uno metros y tomamos una pista también de asfalto que en dirección Sur se aparta de la carretera y se dirige a una granja.



A nuestra izquierda se inicia un sendero señalado con la dirección “ Caussiat”, lo tomamos y conectamos con la Alta Ruta Pirenaica que atraviesa todos los Pirineos por la parte Francesa, en esta zona del Parque Natural de los Pirineos en Francia son las únicas señalizaciones permitidas, unas marcas blancas y rojas , los carteles amarillos y la marcas propias del Parque , unas señales blancas con unas cabeza de sarrio en rojo. Serán las únicas referencias que tendremos mientras caminemos por esta zona de Francia y en varias ocasiones tendremos que utilizar el plano y la brújula para orientarnos. También llevamos GPS, con el track de la ruta pero yo prefiero utilizar el plano y sólo sacar el GPS en caso de niebla o necesidad.



Eli recientemente “diplomada” en un cursillo de orientación, es la navegante en algunas etapas, le he traspasado los poderes y con el plano, la reseña y la brújula ya nos ha conducido en las primeras etapas.



Tomamos una especie de pista que está indicado como “Val d’Aspe”, un valenciano de un grupo que hacía el recorrido a la inversa nos habían advertido que esta pista estaba muy embarrada y que era muy penosa de caminar, por esto varios grupos habían decidido hacer este tramo por la carretera. La verdad es que no es para tanto, hay barro pero no dificulta el caminar (la primera en la frente del ché…) y el paisaje es único. Un bosque de hayas densamente vestido, con los jirones de la niebla formando caprichosas formas y donde la luz y la claridad intentan abrirse paso entre sus ramas. En medio de un claro tomamos otra indicación hacia el “Tour du Val d’Aspe” , señalizada por un cartel y varios mojones de piedra. La Senda y la HRP, siguen bordeando este bosque sin perder altura, pero nosotros tomamos esta desvío que nos conduce directamente al Parquin de Sansanet para allí coger el camino de Estanés y enlazar de nuevo con el itinerario. Merece la pena tomar este desvío y poder así disfrutar de la soledad de este maravilloso bosque. Perdemos unos metros de desnivel, pero caminamos gustosos transitando por esta solitaria y sombría senda.



A las 09,30 horas nos encontramos en el Parquíng, lugar donde se puede dejar el vehículo y subir a Estanés en poco más de 1,30 horas. Atravesamos por unas pasarelas el Gave d’Aspe y emprendemos la subida hacia Estanés. Un poco más adelante enlazamos con la HRP y la Senda que viene de nuestra izquierda y un poco más adelante en un claro dejamos el camino de Estanés y cogemos un desvío que nos dirige hacia “Espelungere”. La cabaña de Escurets que tenemos delante es una de las muchas cabañas pastoriles que en esta época de años se encuentran el plena actividad, pedimos al pastor que está ordeñando a las ovejas de raza “ breviere” que nos venda un poco de queso, pero nos contesta que no tiene ninguno empezado y que más adelante podremos comprarlo en otras cabañas ( mas adelante en alguna de estas nos indican que todavía es pronto , estando en proceso de elaboración) , Rosa y yo nos quedamos con las ganas de comernos un buen trozo de pan con queso del Gave d’Aspe… bueno en otra ocasión Rosa.









Continuamos por la HRP hasta salir del bosque en el claro de Espelungere al pie del Mallo de su mismo nombre y dejamos a la izquierda el desvío que sube al Ibón de Estanés por escalera metálica. Aquí nos encontramos con un grupo de la Senda que han bajado por la carretera, nos han adelantado al acortar el trayecto por el asfalto. Son un grupo de Manresa (que casualidad) que ya saludamos el día de Lízara y que además son conocido de Eli Y Rosa, charlamos un rato con ellos y seguimos nuestro camino hacia el Refugio de Arlet. Nos toca bajar a buscar la pista y emprender de nuevo la subida por el Bosque de Espelungere. Ya no hay niebla y el sol castiga un poco, vamos remontando las primeras rampas por la senda que va alcorzando las revueltas de la pista, luce el sol y a nuestras espaldas se ven la brumas del Bosque de las Hayas. Pasamos una fuente y un fuerte repecho nos deja en una especie de colladito a la vista de la Cabañas de Grossé y d’Atsout. A nuestra izquierda se alza Pico de Acué (2258 m) que con sus laderas rojizas dan nota de color a este rincón. Comemos algo y consultamos el plano, desde aquí la senda remonta en diagonal toda la Montagne de Couecq en busca del Coll de Lupachouaou. Tenemos a la vista el circo del Valle d’Aspe, con sus altas montañas salpicadas de blancos neveros y el fondo del valle verde y boscoso.



El la cabaña de d’Atsout, preguntamos a unos niños si tiene queso, nos contestan que no y nos ofrecen botellas de agua. Son pequeños no más de 8 años los mayores, pero se les ve felices y contentos, con unas mejillas coloradas como las de Heidi y sin ninguna añoranza de PlayStation ni de internet, solo la montaña, las ovejas y sus juegos infantiles, que envidia y qué ejemplo para otros críos.



Seguimos subiendo, a lo lejos vemos a los de Manresa que han llegado al pequeño colladito, del resto de los grupos ni rastro. Nos cruzamos con un grupo de jóvenes excursionistas que con su guía autóctono (con boina incluida) van de travesía, un “bon jour” sale de la boca de cada uno de los chicos cuando se cruza con nosotros y el grupo lo cierra una chica que lleva del ramal el burro que transporta la impedimenta pesada y de campamento.



El sol calienta y cae a plomo, seguimos remontando y en unas lazada llegamos al Coll de Lupachouaou. Este collado da acceso a la parte oeste de esta montaña y vemos más cabañas y algún pequeño lago. Es hora de comer y en una zona de rocas en las laderas herbosas cercanas a la Cabaña de Gourgue Sec, nos tomanos un descanso y comemos algo.

Desde aquí vemos el largo valle que desciende hacia la población de Etsaut, mil cien metros de desnivel más abajo. A nuestras espalda, la larga cresta rojiza que va desde el Pico de Arlet hasta el Puerto del Palo, lugar que mañana pasaremos.



Después de un merecido descanso nos ponemos en marcha, solo nos resta subir un pequeño colladito que da paso a la cubeta donde está enclavado el Lado de Arlet y el refugio que lleva su nombre. El lugar es idílico, un lado con forma de corazón y en su orilla norte un refugio de montañas de los de antes, es uno de los refugios con mas sabor montañero y mejor situados del Pirineo (la segunda en la frente del ché...). Está enclavado en una cubeta y protegido por el Oeste por la Cresta del Pico Arlet y el d’Ailary y su silueta recortada junto al lago lo hace inconfundible.

Hace calor y Eli decide ir directamente al ibón a refrescarse, Rosa y yo nos acercamos al refugio para dejar la mochilas, tomarnos una cerveza y registrarnos, luego nos reunimos con Eli.



El agua del ibón está clara, limpia y caliente, un baño nos sienta de maravilla. Las orillas están plagadas de renacuajos y tritones, es curioso pues estos pequeños anfibios escasean ya en ríos y lagos y aquí se encuentran a bastante altitud, a unos 2000 m, pero no alegra ver que estos animalitos proliferan en esta agua, sinónimo de su limpieza.

Poco a poco van llegando los distintos grupos de la Senda y otros que van de travesía por estos lugares, nuestros amigos de Manresa no tiene reserva y como el refugio está lleno, el guarda les indica que no pueden quedarse. El próximo refugio está a bastante distancia y creen que tendrán que vivaquear. Intercedo por ellos antes el guarda y logro convencerlo que le dé cena y le deje dormir en el comedor, nuestros amigos respiran aliviados.

La zona del refugio se llena de un numeroso grupo de scouts que van de travesía hacia Aguas Tuertas, son bulliciosos y se lanzan con rapidez a bañarse en el ibón.



La niebla va subiendo del valle y en poco tiempo ha cubierto la cubeta, la visibilidad es reducida y esto obliga a los scouts a cambiar los planes y acampar en la zona del refugio. Siguen llegando el resto de los grupos, nosotros hace horas que estamos en el refugio, comidos, bebidos y refrescados y aún así alguno se permite en recomendarnos que no hace falta madrugar tanto…..



Es la hora de cenar, el comedor está abarrotado y diversos grupos de franceses y “camilleros” llenamos las mesas. La cena es un auténtico festín, no falta de nada, sopa, pasta, carne….e incluso paté y embutido del país y todo con buen pan, chapó por el refugio (y eso que el ché… otra más en la frente, nos había echado pestes del refugio, su cena y las instalaciones…). Los grupos franceses está compuestos por gente mayor y también niños, todos ellos con la misma ilusión y ganas de disfrutar de la montaña y pasar una agradable noche en un refugio, al que para llegar hay que caminar como mínimo más de 3 horas. Es verdad que nuestros vecinos en cultura montañera no llevan bastante ventaja.



Después de cenar, me quedo fuera a esperar el ocaso, tengo lista la cámara pues no quiero perderme el espectáculo de una puesta de sol con un mar de nubes a nuestros pies. La realidad supera con creces las expectativas y el ocaso es impresionante y Rosa, Elí y yo nos alegramos de estar aquí y disfrutar de maravillosa puesta de sol. Para dar una nota curiosa a la escena un grupo de burros se mezclan con el espectáculo y se obtienen unas fotos curiosas.



Nos vamos a dormir que mañana tenemos una etapa dura de bajada.



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